Paria y Araya: selva y desierto

Uno de los viajes que recuerdo con más emoción es un recorrido que hicimos por la costa de Sucre, el estado oriental que tiene una geografía explosiva, muy variada y llena de contrastes. Y como si eso no fuera poco, la gente y los sabores de esta región se te quedan en la memoria como un cóctel del que no quieres dejar de beber.
Tras rodar toda la noche llegamos muy temprano a Cumaná, no aparté la vista de la ventana hasta ver el mar, rodeado a lo lejos por una cadena larga de montañas. Era la primera vez que veía hacia el Golfo de Cariaco, nunca nos detuvimos hasta llegar a Carúpano, una pequeña ciudad costera que de cierta forma me recuerda a Puerto Cabello, pero Carúpano es más desordenada y extrovertida, en todos los sentidos, debe ser por la personalidad de sus habitantes, que son como acelerados, felices, y totalmente desinhibidos.

Pero tampoco me detuve mucho en Carúpano, la primera parada oficial fue Río Caribe, que viene siendo la capital de Paria. Es que hasta el nombre de este pueblo me gusta, aunque admito que de buenas a primeras no me impresionó, pero poco a poco fui entendiendo su tranquilidad y ese aire tan caribeño que se respira.

La mejor empanada de mi vida me la comí en Río Caribe, eran como las 5 de la tarde, nos paramos en la plaza que está frente al malecón y pedí una de cazón, perfectamente sazonado, súmale la salsa de ajo que no puede faltar. Las empanadas allá son de masa dulce, muy delgadas y crujientes ¡son perfectas!

En la mañana siguiente fuimos  muy temprano al malecón a recibir el aire de la mañana, justo a un lado está el mercado popular, es bueno observar cómo llegan los pescadores con sus peñeros de madera llenos de peces, que luego venden súper frescos ahí mismo, con los pelícanos merodeando. Compramos nuestros pescado, ají dulce y cebolla para una sopa. Comimos empanadas y salimos del pueblo rumbo a nuestra primera playa: Pui Puy.

Recuerdo la emoción de llegar a esta playa un miércoles y encontrarla totalmente vacía, con su oleaje intenso y su verde incesante que te arropa a cada paso. Esta playa se convirtió en un hogar por cuatro días que disfruté como pocos, aquí tuvimos la fortuna de ver por primera vez el desove de las tortugas cardón, es la espacie más grande del mundo y solo salen del mar durante la noche, así que la experiencia es una suerte de aventura mística difícil de olvidar.

Desde esta playa nos movimos a conocer otras como Medina, la más famosa de Paria, y Chaguarama de Sotillo. La costa de Paria es muy tropical, con montañas llenas de mucha vegetación que convive en equilibrio con el mar, que siempre se ve como esmeralda. La arena es oscura, y toda la combinación de colores es la mejor definición de Caribe.

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Luego de casi una semana andando por los verdes senderos de Paria, decidimos volver a Cumaná porque yo quería conocer Araya, la otra península de Sucre. Al llegar me llevé una de las mayores sorpresas, viniendo de un lugar tan selvático como Paria, ahora estábamos en un auténtico desierto frente al mar, era una completa locura el contraste, parecía que nos habíamos movido a otro país, pero no  salimos ni del mismo estado.

Araya tiene un encanto misterioso, en sus playas, sus montañas opacas, el rosado intenso de sus salinas y el azul vivo del mar. Me gustó pasar largo rato en la playa frente al castillo de Araya, realmente son las ruinas de una enorme fortaleza con una interesante historia de la rivalidad entre españoles y holandeses durante la época de la colonia, cuando la sal era de gran valor y todos querían controlar las extensas salinas muy cerca de la costa de Araya.

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Otro lugar que me gustó mucho fue Punta Arenas, por su playa amplia, tranquila y llena de mucho azul. Pero lo mejor de Araya es navegar en ferry desde y hacia Cumaná, es un recorrido que se disfruta segundo a segundo.

Viajar te despierta la curiosidad y Sucre tiene algo que te invita a descubrir más y más, como si nunca fuera suficiente. Por eso espero ir muchas veces y conocer cada rincón de esta mágica región caribeña con tantos secretos.

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