Páramo Las Coloradas

En Venezuela una de las regiones geográficas más representativas es la de Los Andes venezolanos por los estados Mérida, Táchira y Trujillo. Por supuesto la ciudad de Mérida por conservar las montañas más altas es la más visitada; sin embargo, esta vez el estado Táchira será el ejemplo de diversidad en flora y fauna que se pude tener en el páramo andino.

Al llegar a San Cristóbal, capital del estado se puede observar la ubicación de las principales calles y carreras en un gran valle atravesado por el río Torbes, el cual a recorrer en dirección norte nos dirige hacia el destino: un poco más allá de Cordero, el portal de las montañas tachirenses.

El paseo fue en bus, por lo que las preocupaciones del carro se olvidan. Comienzan las curvas en la carretera trasandina, algunas aldeas rurales se van observando a la orilla, y cada vez más la vegetación va creciendo acompañada de aromas naturales. Algunos puestos de comida y bebidas típicas: pasteles, empanadas, huevos cocidos, café, jugos naturales, y entre otros, son los alimentos que hacen detener a más de algún visitante para degustar y contemplar las montañas desde algún mirador. Digo montañas porque ya la ciudad no se aprecia, solamente las tonalidades verdes de estas majestuosas tierras.

Ya habiendo ascendido a más de 2.600 m.s.n.m. te consigues con un parador turístico, el más representativo de la zona: El Zumbador, considerado un páramo donde el clima en ocasiones hace uso obligatorio de cualquier abrigo. En este lugar se consiguen varias tiendas que ofrecen bebidas junto a comidas, siendo así el merendero oficial de quien recorre la carretera trasandina. Es de aclarar que desde esta zona también permanece un punto de control militar. El Páramo Zumbador divisa tres vías en dirección al Páramo El Rosal, La Grita, y San José de Bolívar.

La ultima dirección es la conduce al camino de destino. Teniendo claro esto, si vienes de San Cristóbal se toma la vía en dirección izquierda que conduce hacia a Queniquea, para luego llegar al poblado de San José de Bolívar; sin embargo, el camino solo será hasta el sector conocido como Alto de Portachuelo ¿cómo reconocerlo? A mano derecha se aprecia una pequeña capilla donde a su vez se encuentra un camino bien definido que conduce al Cerro Colorado: la ruta por explorar en este viaje.

A partir de ese momento los pies son lo que hacen moverse, de allí que en ocasiones debe considerarse el peso que se lleve. Empieza la ruta de montaña, luego de pasar un tramo de cemento, la carretera va perdiendo forma hasta convertirse en un sendero acompañado de piedras y algunos estanques de agua acumulados por días de lluvia. Poco a poco cuestas con mayor ángulo de inclinación son memorables acompañadas de la mejor panorámica: la naturaleza y su páramo.

A la vista unas antenas de transmisión importantes para la zona, en ocasiones se tapan con la neblina, mientras que en días soleados se puede observar un excelente panorámica del paisaje. En el suelo ya están los exóticos frailejones endémicos junto a especies de puyas. De regreso al sendero principal de tierra se toma un desvío en un leve descenso por la vegetación paramera. Una cruz se alza indicando el punto más alto del sector, y al llegar a ella, te consigues con el atractivo más interesante del páramo Las Coloradas, su laguna de agua cristalina: La Pajuila, tal vez su nombre se deba a la presencia de aves ortalis ruficauda pero de lo que sí es seguro es que cerca de ella se puede acampar.

De manera que, el camino se continúa al bordear una pequeña loma de frailejones para conseguir el sitio de camping. Debe recordarse que este pequeño espacio forma parte del Parque Nacional General Juan Pablo Peñaloza; por lo que, las fogatas y otras malas prácticas en contra del ambiente deben evitarse. Al caer la noche, si no hay neblina ni mucho frío para estar encerrado en la carpa, se puede ver el cielo estrellado e incluso los relámpagos que según algunos comentan vienen del Catatumbo.

Pasar un día en la montaña, y más si es un páramo, te conecta con la naturaleza: sus aromas y vistas coloridas. El ruido de la ciudad se olvida, pareciera que el tiempo se detiene ante la suave brisa. Sin duda el páramo andino es un ecosistema para disfrutar siempre y cuando haya buen tiempo atmosférico. El día de camping culmina, solo queda regresar a casa sin dejar huellas en el páramo Las Coloradas ¿Nos vamos?

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